domingo, 1 de marzo de 2009

L'Urbanisme d'avui ben resumit


De lo urbanístico
E L dios del urbanismo sí que ha jugado a los dados con las construcciones, edificaciones y urbanizaciones. El dios del urbanismo, que en lugar de ente vaporoso es sustancia de ladrillo, ha arrojado los dados de los edificios sobre el tapete del paisaje, y han ido cayendo y se han ido quedando como Dios le dio a entender: sin orden ni concierto; apretados, apelotonados y amontonados unos sobre otros tal como si lo moderno hubiera sido construido por titanes beodos en una tarde de borrachera.
A la buena de Dios. A la buena de este dios del urbanismo que propende al caos. Urbanismo: la noble palabra, el noble concepto que ha sido tan distorsionado, adulterado y manoseado por políticos irresponsables, promotores-constructores sin ética, cómplices arquitectos de estética birriosa o particulares listillos y asociales. que hoy día, paradójica e injustamente, la palabra urbanismo sugiere todo un mundo de sensaciones y actuaciones negativas o fraudulentas.
En las últimas tres o cuatro décadas se ha edificado en toda España de forma tan bruta y tan brutal, en cuanto a la calidad, en cuanto a la calidad y en cuanto a la altura, anchura, largura y caradura que no salimos de nuestro asombro.
La sañosa agresión a nuestras ciudades, pueblos, playas y paisajes ha sido de una violencia sin parangón en los países de nuestro entorno. Hemos sepultado media España con una losa de ladrillo corrompido bajo la que se ha lavado el dinero negro de la delincuencia nacional e internacional; se ha desacreditado, más si cabe, la clase política municipal y regional; se han traicionado alevosamente los modelos arquitectónicos propios de cada región o comarca y se han cambiado por otros de estilo importado, plano, de pésimo gusto, repetido hasta la angustia tanto aquí como en Madrid: igualitariamente igual de feo y uniforme en Cabra, en Jaca o en León. Qué animalada. Conocido es el dato; en los últimos años, año tras año, se construía, sólo en nuestro país, más que en Alemania, Francia y Gran Bretaña juntas, estados que nos superan con amplitud en movimiento económico y renta per cápita, pero también en número de habitantes ya que en conjunto quintuplican al nuestro: España, 45 millones; Alemania, Francia y Gran Bretaña, 200 millones.
Esta locura generalizada e incontrolada ha sepultado vegas protegidas, ha invadido riscos y cerros, ha tapado ramblas, ha roto paisajes, ha cegado perspectivas y luces, ha enladrillado vientos y ha fomentado una ramificada corrupción en los consistorios, infinidad de ellos convertidos en auténticas cuevas de ladrones.
Ha habido ciudades donde el número de viviendas construidas en su cinturón urbano ha superado en un 150% el índice de aumento de su población. Y numerosos pueblos de 2.000 o 3.000 habitantes nos tenían proyectados planes para construir, en pocos años, 12.000 o 15.000 innecesarias viviendas en su término: a comisión cada permiso, claro, para el bolsillo del alcalde y del concejal. Los planes generales de ordenación urbana, en muchos casos, no han sido otra cosa que semillas de papel y letra plantadas en un territorio que, regado por licencias dudosas y no dudosas, dio una monstruosa cosecha de plantas de ladrillajo y cementón.
Todo a lo bestia: a lo bestia la desmesurada cantidad; a lo bestia la ínfima calidad; a lo bestia el mal gusto; a lo bestia los modelos arquitectónicos ajenos e impropios; a lo bestia la reiterativa imitación, grosera y paupérrima, de Le Corbusier.
No se ha construido en España, como debiera ser, entre el paisaje, en el paisaje, con el paisaje, para el paisaje, desde el paisaje y hacia el paisaje, sino, desafortunadamente, contra el paisaje y encima del paisaje. De igual modo, no se ha construido con la ciudad ni para la ciudad, sino, en demasiados casos, contra la ciudad y encima de la ciudad: no continuándola, completándola y respetándola, sino desvirtuándola y destruyéndola.
Casan mal con los centros históricos, y aledaños, de las viejas ciudades europeas o españolas, no digamos con nuestros pueblos, los altos bloques de pisos, la terraza corrida, las paredes ladrilleras, el espanto del volumen excesivo que nos cae encima como si nos sumergiera una ola de piedra en medio de un mar de ladrillo.
En ningún país se ha abusado tanto como aquí de esas intrincadas selvas de bloques de pisos, muy feos y extraños. En vez de tender a que toda la ciudad parezca centro (al menos estéticamente), hemos conseguido que toda la ciudad parezca arrabal. Hemos mutado la ciudad calmada y tranquila por la ciudad nerviosa, ruidosa y espantosa: menudo negocio.
Lo antiguo tiene y trae calma: uno se siente sosegado, hay como una paz en las cosas y en las calles antiguas que se transmite a quien las contempla. Sin embargo, no hemos respetado el modelo de ciudad aquilatado por los siglos. No hemos sabido continuarlo: ¡cuántas calles antiguas hemos desmantelado! Y seguimos. ¡Cuántos edificios con solera han caído y se han visto sustituidos por espantos completamente ajenos al tipo tradicional de la calle!
Se suceden los movimientos artísticos. Lo nuevo sustituye a lo viejo. En literatura, música o pintura la novedad reemplaza a lo gastado, pero no lo destruye. El problema de la arquitectura es que, en más ocasiones que las deseables, lo nuevo arrasa lo antiguo, lo destruye y lo liquida. Lo bonito, y lo difícil, sería saber conjugar lo nuevo con lo antiguo, sin suplantarlo, sin violentarlo, sin montarse encima.
El urbanismo, lo urbano, debiera tender a ser una línea continua en el tiempo y en los modos de la ciudad. Y una línea continua de la naturaleza, del paisaje, de la geografía en la que tal localidad se ubique; y no un punto y aparte como ha venido siendo en los últimos muchos años. Las intervenciones debieran estar tan integradas en el entorno que casi no se notaran. Lo demasiado evidente es, creo, un error. Las mejores actuaciones son aquéllas que de tan tenues nadie repara en que allí se ha actuado artificialmente.
Es lo mismo que aquella mujer a la que alguien dijo en una fiesta: ¡Qué elegante va usted, señora! Y ella contestó: «No, si usted lo ha notado».
Pues igual.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Reprogramando la ciudad

¿Reprogramando la ciudad?
JOAN SUBIRATS 18/09/2008
El título de este artículo puede parecer excesivo, pero he de advertir de que mis pretensiones se limitan a la ciudad, y he añadido prudentes interrogantes. En la Bienal de Venecia de este año, el arquitecto Vicente Guallart, con mucha más valentía que yo y sin interrogante alguno de cautela, ha titulado su instalación Hyperhabitat. Reprogramando el mundo. Mi intención es aprovechar el manifiesto del comisario de la Mostra Internazionale di Architettura que se encuadra en la Bienal, Aaron Betsky, en el que plantea el dilema "edificios o arquitectura", para aportar mi granito de arena a tan ambiciosa tarea.
Hemos de superar esa visión estrecha que prima los lugares físicos y la ornamentación sobre las personas
Por lo que se desprende de los resúmenes de prensa que se han publicado acerca de los objetivos de la Mostra de este año, su planteamiento trata de evitar la tendencia a disociar la labor del arquitecto del entorno en el que se inscribe. Betsky denuncia que la tarea específica del proyecto de edificio, con las limitaciones cada vez mayores que incorporan los códigos técnicos y las condiciones de seguridad e higiene, ha ido reduciendo al mínimo la capacidad de experimentación de la arquitectura con relación a la estructura, a la forma o al espacio. "Una arquitectura que pretenda dar soluciones construyendo es falsa, está muerta. Los edificios son la tumba de la arquitectura". Como provocación no está nada mal, y de alguna manera se alude y se critica la moda de contratar arquitectos que dejan caer sus edificios en una ciudad o espacio con una lógica autista, indiferente a su entorno.
El problema es descubrir cuáles serían las salidas a esa hipotética parálisis autocontemplativa. Y por lo que aparece en los medios acerca de las propuestas recogidas en la Mostra veneciana, no podemos ser demasiado optimistas. Por una parte, se exploran diseños de interiores, de objetos, de muebles. Por otra, se apuesta por la interconectividad entre los espacios construidos y el mundo exterior. En la propuesta de Guallart, todos los objetos de las seis viviendas para jóvenes, con un macroespacio compartido, disponen de equipamiento electrónico, que les permite comunicarse entre ellos y con el exterior. El crucifijo con el Vaticano, la bombilla con la central nuclear. Y como afirmó Guallart al respecto, la paella con los potenciales interesados en su ingesta inmediata o la postergada de los restos que acaben sobrando. El objetivo aparente sería avanzar en la optimización de servicios y la autosuficiencia de cada pieza y de la vivienda en su conjunto, "en pos de una mayor eficacia, del ahorro energético, de una mayor interacción social, de un mundo más humano". El objetivo es ambicioso, ya que nada más y nada menos se quieren sentar las bases de una nueva organización mundial.
Simpatizo con la incomodidad que producen esos edificios icónicos convertidos en la expresión más evidente e hiriente de una arquitectura al servicio del marketing de ciudades, de la ciudad espectáculo o de la "ciudad de pensamiento único", en afortunada expresión de la urbanista brasileña Erminia Maricato. Y concuerdo con la necesaria búsqueda de espacios que permitan encontrarnos. Pero lo menos que se puede afirmar es que la propuesta de Betsky está llena de contradicciones, al plantear este tipo de dilemas invitando a "repensar el mundo" a arquitectos como Frank Gehry o Zaha Hadid, que más bien parecen representar la tendencia que se discute. Frente a las dinámicas económicamente hegemónicas, en las que se prima la hipermovilidad de unos cuantos (los frequent flyer class) y al mismo tiempo el repliegue defensivo del lugar en el que tratan de refugiarse, deberíamos poder postular políticas e intervenciones urbanas que traten, al mismo tiempo, de constituir un lugar común (de todos y para todos), la mayor facilidad para la movilidad colectiva (evitando el sentido de clausura, de exilio de la periferia) y la capacidad de gobierno conjunta de esos espacios compartidos. Y para ello hemos de superar esa visión estrecha que prima los lugares físicos y la ornamentación sobre las personas, y que acostumbra a dar por supuestas las prácticas o relaciones sociales a partir de lo construido.
Esa "ideología espacialista" (como dice Olivier Mongin) ha tratado de defender la idea que la clave de la convivencia estaba en el diseño de los lugares, en la combinación de edificios y flujos. Y sin restarle importancia al tema, deberíamos reivindicar la aceptación de una mayor complejidad conceptual y operativa. Para que los ciudadanos puedan hacerse suyos esos lugares, deben poder practicar en ellos su autonomía, ejercitar su diferencia, hacer reales las posibilidades de solidaridad e igualdad. Y sin empleo, sin formación, sin condiciones dignas de habitabilidad, sin transportes adecuados, sin salud o sin seguridad, ello se hace muy difícil. ¿Se puede reprogramar el mundo sólo desde la arquitectura? Necesitamos espacios, pero espacios practicados, espacios conquistados y vividos. Y espacios conectados. La condición de movilidad para todos es hoy esencial. Sin movilidad ya no podrá haber lugares. Una de las formas más evidentes de desigualdad social en la actualidad es precisamente las grandes diferencias que se generan en la capacidad de moverse, de desplazarse, de salir y entrar. Buscamos sitios en los que permanecer y vivir, pero también sitios de los que salir.
No acabo de ver (quizá por mi propia incredulidad ante esos ejercicios elitistas de aparente renovación conceptual que acaban cayendo en los propios vicios autistas y esteticistas que aparentemente denuncian) que las propuestas de la Mostra de Venecia apunten en esa dirección. Lo que necesitamos es conceptualizar y materializar nuevas aproximaciones a los problemas urbanos (sostenibilidad, inclusión social...) y hacerlo no con una estricta mirada disciplinaria, sino con diálogo y la puesta en cuestión de los parámetros que hasta hoy han impulsado la construcción de la ciudad. Y en un plano más operativo, no podemos desvincular esas reflexiones de la existencia de conflictos, de la necesidad de plantearnos nuevas formas de gobernar las ciudades. Una agenda urgente y exigente de nuevas políticas urbanas y sociales en la que la arquitectura, con sus espacios, edificios y capacidad reflexiva, debe estar presente, en diálogo con muchos otros actores y colectivos.
.
Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB

martes, 8 de mayo de 2007

Especulación del suelo: la enfermedad y el remedio

El suelo es una materia prima básica para el desarrollo de nuestras poblaciones. La ciudad evoluciona y necesita suelo donde construir viviendas para sus nuevos habitantes y para albergar los usos y actividades que se generan, para sumar activos a la reutilización del existente. Detener el crecimiento del suelo es causar su decaimiento. Pero ese crecimiento debe ser realizado con criterios de sostenibilidad, algo en lo que, a estas alturas, todos estamos de acuerdo, estableciéndose un equilibrio entre los distintos factores sociales, económicos y medioambientales existentes. Se trata de crecer sin despilfarrar ese bien básico tan escaso que es el suelo, que no es renovable y cuya transformación en suelo urbano deviene irreversible.

El crecimiento de la ciudad debe tener en cuenta factores sociales para evitar desequilibrios y expulsiones indeseadas tanto de la población, ya sean nuevas generaciones o segmentos de menor solvencia, como de las nuevas actividades productivas y de servicios. Y debe propiciar, al mismo tiempo una movilidad razonable de sus ciudadanos. Deben tenerse en cuenta factores económicos, que resulten eficientes y favorables al progreso o, de lo contrario, su potencial como motor económico puede decaer. Sin embargo, todo argumento económico debe ser consecuente con el bien general y compatible con el respeto al medioambiente, que debe primar en el tratamiento del territorio, tanto en lo que se refiere al paisaje natural como al urbano, y asegurar requisitos de eficiencia energética y de salubridad. Por todo eso, el consumo de suelo, su transformación de suelo rural a suelo urbanizado, debe ser cuidadosamente estudiado. El desarrollo urbano debe ser escrupulosamente planificado en función de las auténticas necesidades de la sociedad y de la ciudad y no de otros intereses particulares.

Pero no es eso lo que está sucediendo. La expansión de las ciudades españolas no se produce en función de sus necesidades reales y están creciendo de manera deforme y en ocasiones aberrante. El crecimiento razonable, equilibrado y sostenible de la ciudad, y de la sociedad que alberga, tropieza actualmente con un obstáculo difícilmente salvable: la especulación del suelo. Llamamos especulación al encarecimiento artificioso generado por el acaparamiento y la escasez originada por su empleo como mercancía urbana.

En ese escenario parece necesario un golpe de timón enérgico para recuperar la iniciativa sobre la gestión del suelo. Pero ¿a quién le interesa acabar con la especulación del suelo? Sin duda alguna a las ciudades, a sus ciudadanos, a las personas. Esto está claro. Pero no tenemos tanta certeza, en ocasiones, de que haya alguien más interesado en ello. Administraciones y políticos no está claro que estén por la labor. Algunos se llenan la boca con eso, pero nadie quiere matar la gallina de los huevos de oro, huevos que alimentan municipios y munícipes, partidos y partidarios, y en ocasiones a otras especies menos respetables.

Casi una quinta parte del suelo urbanizado en España lo ha sido en los últimos 10 años; lo que quiere decir que en ese tiempo se ha incrementado el 25% de lo que se había urbanizado en los 2.000 años anteriores.

La ley ha obligado a que el 10% de ese suelo haya ido a manos de los ayuntamientos, que en la mayoría de los casos lo han dilapidado o incluso han especulado con él. Salvo honrosas excepciones, la mayor parte de esas inmensas extensiones de nuevo suelo urbanizado, no se han destinado a construir viviendas sociales, protegidas o asequibles, sino a financiar otras actividades. Y eso ha sido así por decisión de los ayuntamientos, con su exclusiva responsabilidad algunas veces y con su aquiescencia en otras.

La Constitución obliga a luchar contra la especulación. Todas las leyes del suelo que se han aprobado en España hacen de eso uno de los aspectos más relevantes en sus exposiciones de motivos. La realidad nos dice que nunca se pasó de las teóricas buenas intenciones. Las dos primeras, las legisladas en los años 1956 y 1976, lo pretendieron mediante el impuesto progresivo municipal de solares sin edificar. La de 1992 mediante la expropiación, a la mitad de su valor, de todos aquellos solares que no hubieran sido edificados al cabo de un año. El resultado en todos los casos fue el mismo: prácticamente nunca se aplicaron.

La actual, del año 1998, con la pretensión de abaratar el suelo, aplicó lógicas de mercado de bienes de consumo, propiciando que todo el suelo pudiera ser urbanizado. El resultado ha sido que la creación de suelo urbanizable se ha desorbitado y al mismo tiempo su precio se ha multiplicado. El último capítulo se escribe ahora en las Cortes españolas, con otra nueva ley. De su lectura y análisis se saca una primera conclusión: más de lo mismo.

Se pretende, supuestamente, avanzar en la lucha contra la especulación desvinculando la propiedad del suelo del derecho a edificar, e incluso del derecho a urbanizar. Solución aplicada, con éxito, en países tan dispares, en su concepción social, como EE UU y Suecia; pero que aquí, en la práctica, sólo se materializará cuando se trate de la venta forzosa, y ésta se utilizará como instrumento arbitrario, de forma aleatoria y discrecional, ya que la ley no precisa con claridad su aplicación.

Se convierte así la expropiación en un peligroso instrumento en manos de quienes, hasta ahora, han demostrado su incapacidad para gestionar adecuadamente la transformación del suelo y para administrar las plusvalías generadas en el proceso.

La introducción que la nueva ley propicia, generalizada para toda España, la figura del agente urbanizador como presunto destinatario de los aprovechamientos de suelo, ha originado, donde hasta ahora se ha aplicado, no pocos conflictos y la reprimenda enérgica de las autoridades europeas por el expolio y la indefensión de los propietarios afectados.

Se limita a los propietarios de suelo el derecho a urbanizar, pero al mismo tiempo se entrega ese derecho a terceros, sin garantizar con eso que la colectividad se beneficie de las plusvalías generadas. Y, a estas alturas, todo el mundo sabe que las plusvalías que genera la transformación del suelo suelen ser de una cuantía económica muy considerable.

Se trata de expropiar barato para especular mejor. ¿No será peor el remedio que la enfermedad?

Pere González Nebreda es presidente de la Agrupación de Arquitectos Expertos Periciales y Forenses de Cataluña (AAEPFC) y Luis Antonio Corral Juan es decano del Colegio de Arquitectos de las Islas Baleares.

martes, 20 de febrero de 2007

Fronteras intermitentes

Jordi Todó está acostumbrado a ver Barcelona desde el cielo. En 1988 empezó a trabajar como fotógrafo aéreo y en sus años de experiencia ha sido testigo aventajado del crecimiento de la capital catalana a golpe de cemento. Esta expansión, explica, se ha llevado por delante kilómetros y kilómetros de enclaves naturales y pasillos ecológicos, cuyo espacio ha sido ocupado por urbanizaciones de casas adosadas y unifamiliares, en muchos casos, con piscina incluida. "Sólo se observan algunos espacios verdes en el Vallès", explica Todó. Según datos del Observatorio de la Urbanización de la Universidad Autónoma de Barcelona, que dirige el geógrafo Francesc Muñoz, entre 1985 y 2005 se construyó una casa unifamiliar cada hora en la provincia barcelonesa, lo que supone el 31,9% del total de las viviendas construidas en este periodo, que fueron 542.796.

Entre 1985 y 2005 se construyó una casa unifamiliar cada hora en Barcelona, el 31,9% del total de las 542.796 viviendas levantadas en estos 20 años

Las carencias, fruto del aislamiento de las urbanizaciones dispersas, se traducen en lagunas de seguridad o falta de servicios básicos

Las fronteras que abrazan el Área Metropolitana de Barcelona, que coinciden con los límites de las siete comarcas que la configuran, comienzan a ser cosa del pasado. La ciudad y sus aledaños se extienden hacia el Baix Penedès, Selva y Osona, entre otros lugares. Esta dispersión, estudiada ampliamente por expertos de distintas disciplinas, será el motivo del debate Las nuevas murallas de Barcelona que se celebra hoy a lo largo de todo el día, con entrada libre, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (Montalegre, 5. www.cccb.org).

Un hombre de la Edad Media o de principios del siglo XIX identificaba perfectamente las lindes de su ciudad porque estaba rodeada por una muralla. Con su derrocamiento, se inicia una colonización de terreno que en el caso barcelonés no tiene freno. El ciudadano es incapaz de saber dónde empieza y acaba la urbe. Muñoz sostiene que en la ciudad hay muchas murallas en vez de una continua. A su juicio, por citar un ejemplo, un peaje se podría considerar un trozo de esa muralla intermitente -endeble para el imaginario colectivo- que refleja un nuevo estilo de vida.

"La expansión del área metropolitana ha generado sus propias dinámicas sociales. Hay gente que duerme en un municipio, trabaja en otro y se va a divertir a otro. A la que se sale con el coche del centro histórico todo es igual. Una hilera de casas adosadas, una rotonda y un centro comercial; otra hilera de casas, otra rotonda y otro centro comercial...", explica Muñoz, que recuerda que este paisaje urbanístico, típicamente anglosajón, disuelve las identidades locales, aunque en ocasiones surjan nuevos fenómenos identitarios como el actual auge del hip-hop entre los jóvenes de la periferia. Las urbanizaciones eran otrora el emplazamiento de la segunda residencia, pero hoy no; una evolución que causa ciertos desajustes y desigualdades. "A pesar de la existencia de equipamientos sociales y sanitarios distribuidos por el territorio, la mayor dependencia respecto a Barcelona en cuanto actividades de ocio, culturales y de determinados servicios; unida a la inexistencia de transporte colectivo en las áreas más periféricas, aumenta el grado de aislamiento de éstas últimas", afirma la arquitecta Silvia Banchini. Las carencias fruto de este aislamiento, consecuencia también de un crecimiento poco planeado, se traducen en lagunas de seguridad, algo que se ha hecho evidente estas últimas semanas, o falta de servicios básicos. Sin olvidar el impacto medioambiental y energético de este difuso modelo urbanístico: el agua escasea para tanta piscina y campo de golf. "Las urbanizaciones ocupan el espacio de un pueblo entero, pero sin apenas habitantes", constata Todó.

El fenómeno alcanza a la estética. Octavi Rofes, especializado en antropología e historia del arte, recuerda que el crecimiento urbanístico de Barcelona en los ochenta se acompañó de una iniciativa para ubicar esculturas de artistas prestigiosos en la periferia, un empuje que ha ido perdiendo coherencia y se ha sustituido, dice, por el pseudoarte puramente decorativo que engalana tantas rotondas y zonas residenciales: "En una urbanización cercana a Valls hay una escultura de Mazinger Z de dos metros de altura", indica.

¿Soluciones? Joan Roca, geógrafo y urbanista, considera urgente la unificación municipal del gran "corazón metropolitano de Barcelona", dejando de lado su periferia más difusa, a través de un organismo político como la extinta Corporación Metropolitana "que funcionó entre 1976 y 1985, año en que fue disuelta por Jordi Pujol". Su influencia podría, además, poner fin al escaso poder de administraciones locales débiles que en muchos casos acatan sin más las imposiciones de las empresas constructoras, que no sólo alzan casas, sino que también promueven hábitos pautados que parecen pensados para autómatas.

Nuevo Observatorio del Litoral

Los gobiernos de la Xunta y del Principado de Asturias anunciaron ayer la creación de un Observatorio del Litoral para vigilar, entre otras cosas, la evolución del mercado del suelo en las zonas costeras de ambas comunidades. Los presidentes Emilio Pérez Touriño y Vicente Álvarez Areces vincularon la creación de este organismo a la

Según el jefe del Ejecutivo gallego, el observatorio posibilitará la evaluación de los instrumentos de ordenación del litoral desarrollados en ambas comunidades, las experiencias puestas en marcha en cada territorio en la costa, así como preservar el paisaje y estudiar la evolución del mercado del suelo y la ocupación del territorio en la franja costera.

El urbanismo ha sido uno de los aspectos en los que más ha incidido la cumbre gallego-asturiana, ya que ambos Gobiernos, apuntó Pérez Touriño, comparten la necesidad de una política de protección del litoral.

Así, el jefe del Ejecutivo gallego destacó que en Asturias está más avanzada la aplicación de normas de protección de la costa, ya que las directrices regionales aprobadas en 1993 establecen una zona de servidumbre de protección de 200 metros y declararon como suelo no urbanizable los primeros 500 metros, lo que ha permitido preservar unas 19.000 hectáreas de territorio costero.

El presidente de la Xunta, que recordó que antes de que acabe el año estará listo el plan integral de protección de la costa, indicó que tanto Asturias como Galicia pretenden hacer del litoral la "señal de referencia" de ambas comunidades de forma que sea "símbolo de seducción".

Por su parte, Álvarez Areces apuntó que la voluntad de los dos Gobiernos de proteger el litoral pretende conseguir que la "España verde sea más que un logo" o un mero lema turístico. A preguntas de los periodistas, Areces manifestó que la ordenación del territorio forma parte de las "políticas esenciales" que corresponden a las comunidades autonómicas y agregó que deben apoyar a los ayuntamientos con escasos recursos en el diseño de sus planificaciones urbanísticas. Se trata de que el desarrollo urbanístico se promueva desde el sector público "y no que venga hecho desde el sector privado".

Al término de la reunión, los dos presidentes se mostraron satisfechos de sus resultados. Según Pérez Touriño, la cumbre ha puesto de manifiesto que las comunidades autónomas "son Estado" y que la "España plural funciona", ya que las autonomías pueden poner en común experiencias y llegar a acuerdos.

Areces y Touriño firmaron al término de la cumbre una declaración final que, entre otros aspectos, reafirma su voluntad de impulsar instrumentos normativos y las acciones políticas necesarias para "hacer de la costa astur-galaica un espacio de oportunidad para el desarrollo económico, y al mismo tiempo preservar sus valores paisajísticos y naturales". "Ambos Gobiernos comparten la sensibilidad por una nueva cultura de la ordenación del territorio y, en consecuencia, declaran su compromiso común de preservar, proteger y ordenar el conjunto litoral astur-galaico como unidad territorial de alto valor, sin renunciar -dice la declaración- a su gestión integral y al desarrollo socioeconómico de los municipios costeros".

Los gobiernos gallego y asturiano decidieron también promover este año la declaración por la Unesco del río Eo y territorios aledaños, los Oscos y las Terras de Burón, como Reserva de la Biosfera, informa Efe.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Liquidación de los espacios naturales en Murcia.

El primer estudio científico y académico que se realiza sobre la política ambiental en España y varios países de la UE, promovido por el Observatorio de Políticas Ambientales, resulta muy crítico con la gestión que se viene realizando en la Región de Murcia; la cual considera «regresiva» y puesta al servicio del urbanismo privado y de un desarrollo turístico que persigue ocupar -mediante una «desprotección selectiva»- espacios litorales todavía vírgenes y de gran repercusión ambiental.
En concreto, el informe alerta de que la futura Ley de Conservación de la Naturaleza y Protección del Paisaje que prepara el Gobierno regional del Partido Popular «tiene en su punto de mira la liquidación de buena parte de los espacios naturales protegidos en el litoral sur occidental», declarados como tales en una ley anterior de 1992 y que «se deroga por completo».
Advertencia
Asimismo, avisa de que esa futura ley supondrá -si sigue adelante- que no subsista «ningún paisaje protegido o monumento natural al amparo de la ley estatal. En todo el litoral sur occidental de Murcia no quedaría ningún espacio natural protegido, al suprimirse los paisajes protegidos de Cuatro Calas y Sierra de las Moreras, Sierra de la Muela y Cabo Tiñoso, y abrogar (derogar) definitivamente el parque regional de Cabo Cope-Calnegre».
Red Natura 2000
El documento añade que «únicamente se salvarían de la quema, sin certeza de sus límites definitivos, las zonas que integran la Red Natura 2000, con unos objetivos que en ningún modo justifican la desaparición de la red de espacios naturales protegidos en el litoral sur y buena parte del territorio autonómico».
El análisis sobre la política ambiental de la Región de Murcia en el periodo 1978-2005 ha sido realizado por los profesores de Derecho Administrativo de la Universidad de Murcia, Manuel Fernández Salmerón, y Antonio Gutiérrez Llamas. Ambos consideran que «estamos ante un caso insólito de desprotección de la Naturaleza, que ninguna otra Comunidad autónoma ha osado plantear y que constituye una inadmisible regresión de la tutela ambiental. Todo ello además sin motivación alguna que pudiera justificar tamaño giro copernicano en la valoración del medio natural de la Región de Murcia».
Dos épocas
En el amplio periodo analizado en la Región de Murcia se distinguen dos épocas: una inicial de tutela medio ambiental frente las políticas turística y urbanística. Y una segunda fase que corresponde a los años de gobierno del Partido Popular, en la que ha decaído «el intrusismo del legislador» y que tiene su exponente en la Ley del Suelo, que desvela «una claudicante subordinación de los espacios naturales protegidos a una política desarrollista en la urbanización y localización de complejos turísticos».
Los dos expertos administrativistas ponen el punto de mira en la disposición adicional octava a la Ley del Suelo -recurrida en diversas instancias-, que representa «un recorte selectivo de importantes espacios protegidos, utilizando como pretexto la constitución de la Red Natura 2000 y eludiendo los principios constitucionales de publicidad y seguridad jurídica».
El informe es más duro, puesto que habla de una «manipulación interesada» que desvirtúa la Directiva europea al caso. Consideran esa disposición «como un torpedo dirigido a la línea de flotación de algunos de los más señeros espacios protegidos de la Región de Murcia, para facilitar el desembarco del desarrollo turístico en la orla litoral virgen».
Ambos profesores analizan como caso emblemático el Parque Regional Costero-Litoral de Cabo Cope y Puntas de Calnegre, en los municipios de Águilas y Lorca, donde el Gobierno autonómico del Partido Popular promueve un gran complejo urbanístico y turístico que ha declarado de interés regional.

Concretamente, sostienen que más del 62 por ciento de la superficie de este parque regional se desprotege «y todo ello sin publicidad en el Boletín Oficial de la Región de Murcia».
La modificación es de tal envergadura, según señalan los expertos en el informe, «que no se limita a un simple ajuste de límites, sino que opera una inequívoca desnaturalización y degradación de espacios naturales protegidos, que como tal parque regional costero-litoral lisa y llanamente desaparece».